miércoles, 13 de octubre de 2010

Poema para la Buena Muerte

Tree
El quejido de tu anatomía entera
                            que agita a tu espíritu
es como cualquier pájaro. 
En tus circunstancias se trata de un placebo, 
                              de un estimulante ya inútil. 
Piensa que se trata de un viento alegre que acaricia
los últimos bosquejos de tu 
                                                 corporeidad. 

Presta pues
mucha atención a lo que te voy a decir: 
esa especie de nube blanca, 
                     que se recuesta sobre tus ojos, 
esa nieve gélida e inquieta 
                          que te está devorando, 
será después el cálido rocío 
                              que bombeará  tu corazón. 

Por eso, así como los astros se ordenan en el firmamento, 
y todas las existencias lo hacen a lo largo de historia, 
así tú deberías intuir  
                                                                     en este momento 
                                   un horizonte remoto para tu espíritu. 

Haz espacio en tu corazón 
                                   para el silencio y la calma, 
para todos los vacíos que te colmarán el alma, 
de hoy en adelante 
         y por toda la eternidad...
 

martes, 5 de octubre de 2010

Nous Resterons Sur Terre, de Olivier Bourgeois y Pierre Barougier

pour ceux qui parlent français


Me gustaría comentar este documental ecológico en el futuro no solo para difundirlo dado que es una gran realización, de lo mejor que yo haya visto, sino también porque se trata de una invitación a comprometernos decisivamente con el cuidado de nuestro medio ambiente y así lo propio es responder de alguna manera concreta a su interpelación, en este caso con un comentario crítico. "Nous Resterons sur Terre", o "Here to Stay" como se conoce en el mundo anglosajón y en el resto del mundo, ya desde su título nos habla de la conciencia de que la humanidad está crudamente integrada al devenir del mundo natural, y que mientras el avance desmesurado de la técnica y del hedonismo más banal generan procesos irregulares y perniciosos, desde el mundo natural y desde la misma humanidad un renovado instinto de supervivencia se prepara para lidiar con las consecuencias de la marcha que hemos trazado para la historia y para proponer soluciones de contingencia cuando aún son posibles. El vídeo que les presento se encuentra íntegramente en francés porque no he podido encontrarlo en inglés o subtitulado en español, como fue que yo lo vi. De todos modos las imágenes y la música son tan representativos que a veces uno tiene la sensación de que los comentarios son como pausas, donde las palabras surgen para ayudarnos a asimilar las impresiones fuertes del documental. Claro, esto no es cierto al cien por ciento, pero puede servir de incentivo a quienes se animen a verlo de todos modos. Comentaré este documental pronto, en la espera de encontrar una versión en inglés o español sobre la cual trabajar mejor.

lunes, 4 de octubre de 2010

El Señor de las Ilusiones

Primera Parte
Encontré un hombre agonizando en el camino por el que yo trataba de abrirme paso. Sus brazos y piernas se retorcían del dolor que les procuraba el miedo. Tiritando y sollozante, no alcanzaba a articular ningún llamado de auxilio o siquiera un grito de desesperación. El frío lo inundaba a través de su piel descubierta y el calor que le procuraba la fiebre asaltaba su conciencia. Desamparado, desesperado y demente, se tornó una herida que nunca cicatrizó en mi cabeza. Sin embargo, al tratar de seguir mi camino pasando por encima de su cuerpo, el único propósito que tenía era dejarlo arrojado ahí para siempre y que se muriera. En ese entonces no sentía ningún remordimiento por lo que estaba haciendo, pues de otra manera yo no habría podido sobrevivir. Apoyé mis manos sobre su torso que temblaba para impulsarme hacia adelante y al cruzarlo empujé con mis pies su espalda para impulsarme aún más lejos. Ya separados y distantes, todavía podía oír su agitada respiración por la boca, su congestión nasal y la fricción contra el suelo de sus miembros convulsionados. Cerré los ojos y esperé. Creía que podía conciliar el sueño y que cuando me despertara se habría acabado su lamentable agonía. Hasta que me quedé dormido en algún momento mientras trataba de fugarme de la realidad… o eso creía. Soñé que soñaba, que tenía los ojos cerrados y que no había nada alrededor mío. De repente fui consciente de que tampoco había nada debajo de mí y de que mi cuerpo estaba suspendido sin gravedad, y así sin ningún impulso externo que me diera cuenta de mi ubicación tampoco estaba seguro de saber dónde estaba mi cuerpo. Durante un tiempo del que solo fui consciente por el pensamiento, vagué errante en busca de mí mismo, buscaba aun cuando no parecía tener sentido que lo hiciera, y lo hice solo porque sabía que yo mismo no era más que un cuerpo en busca de sí mismo: un movimiento automático que al frenarlo se habría extinguido conmigo. No sé si primero me oí respirar o si lo primero que sentí fue el peso de mis párpados sobre mi vista. El hecho es que abrí los ojos y aunque no veía nada un estremecimiento me hizo recuperar la percepción del resto de mi organismo. Me sentí extrañamente feliz de que una tierra suave como la arena hiciera fricción sobre mi piel. Me apoyé en mis manos y logré tomar asiento. Al hacerlo me percaté del viento que soplaba en dirección contraria a la postura que había tomado. Pensé que no importaba en qué posición me ubicara, y creo que al pensarlo iba rotando, porque ese viento me seguiría a donde sea que hubiera ido. Así fue como al final entendí que todo era un sueño, en el cual creía que no había más realidad que el poder creador de mi conciencia impulsiva. No había viento, no había suelo, pues todo lo contenía el sueño que era yo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Es de noche y ha salido el Sol



Es de noche y ha salido el sol. ¿Quién se lo impedirá si también es una estrella?, ¿acaso alguien ya descartó esta alegoría porque nunca vio un eclipse en su vida?Dejen al sol salir en paz. Ahora bien, si es de noche y ha salido el sol, algo debe motivarlo: ¿acaso una estúpida canción? Si lo ha hecho debe tener un motivo especial, una certidumbre, algún valor. El sol tiene sentimientos de estrella fugaz: unas veces parece una alegoría, otras, una alergia. Y es que el sol ha salido sí, pero a veces también se esconde. Y no solo esto, hay más: el Sol se va, maldice, enceguece la noche, la espanta: porque hay noches en que el Sol tiene ganas de comerse el mundo entero. Y es que no soporta su soledad. Así que me pregunto: ¿no estará perdiendo el tiempo la noche? -¡Ay, pero si la noche no es más que obscuridad!-. Mientras tanto se va haciendo de día y otra niebla colmará la soledad del Sol. Al horizonte, el amanecer se prepara para desmantelar la noche. Y en el colmo de la sumisión, ella solita se pliega y se guarda. No espera a que amanezca.

FIN.

Cómo llenar los vacíos entre las piedras

Disertaciones Generales



La gente se acostumbra a no esperar a la gente. La gente prefiere pensarse como fenómeno natural, como lluvia, como huracán, como ese viento cualquiera. Es como si los demás solo fueran lo dado. Y entre lo dado somos capaces de juntar a la gente con las piedras y el polvo. Por eso las ciudades se han llenado de piedras y polvo. Con estos pensamientos la gente se ha llenado, se ha hastiado y hasta se ha indigestado. Ojalá se pudiera esperar más de la gente, ojalá se pudiera esperar más de lo mismo, pero creemos que más de lo mismo solo es más de lo mismo. Y es que ya no sabemos muy bien qué esperar de los demás.
Así que cuando alguien necesite algo qué esperar debe olvidarse de toda esa gente y fijarse en alguien más: alguien que deba encontrar entre tanta gente y entre todos los demás. Alguien que esté por ahí cuando uno voltee, cuando uno mire de frente, cuando solo sonría, cuando no pueda decir nada más. Todo se trata de esperar que haya alguien a quien esperar y no solo gente poblando el mundo.


sábado, 2 de octubre de 2010

X y la Espera


La idea era esperar. Pero sentado en una banca al fondo del establecimiento, X no solo esperaba a alguien, sino que además aguardaba una especie de oportunidad. Recluso en la absorción de sus propios pensamientos, parecía esperar su abstracción total: el abandono de toda instancia, pero de su instancia en particular. En su abandono, la idea de esperar tomaba la peligrosa forma de esperar el final, de la desesperanza. Sin embargo, el final no se hace esperar. El final deja en suspenso todas las esperanzas y a todos desesperados, pero no se hace esperar. Por eso X sabía que, en el fondo, lo que esperaba era algo más…
Una mujer llamativamente bella llegó a su lado. Por un inocente prejuicio, el no pudo responderle pronto cuando ella le pidió su orden. La carta era limitada, se constreñía a lo que aparecía en el mostrador del local. A todo lo expuesto allí lo dominaba un aura de lenta agonía, de resignación al paso del tiempo. El mostrador era un viejo mueble de madera fina, con los cristales empañados por el paso del tiempo, que no por la suciedad, exenta de toda la escena como para corroborar su inviabilidad. Los dulces se perdían en la memoria de X, preparados por mujeres que en algún tiempo todavía sonreían y que solo volvían como carcajadas borrosas a su conciencia, evocando un tiempo muy lejano, costumbres muy distintas y propias de gente que pronto ya no estaría. Una época se marchitaba en los postres de ese mostrador y el mismo encanto de la mujer que vino a atenderlo parecía condenado a desaparecer arrastrado por las sentencias intolerables de aquel movimiento absorto en el placer de su propio sufrimiento. Pero no, X, ella no vino a preguntarte por el orden tramado por tus pensamientos, aunque tampoco espere tramitarte como a una orden más. Atenta y servicial, te habla sin proponérselo de una voluntad que tú estás perdiendo.
Una respuesta programada en ti le ha hecho un pedido: el recuerdo de un postre que te preparaba la abuela se impuso. ¿Acaso eso era lo que esperabas, una determinación? No está mal quererlo, no está mal que te refugies en ellas, pienso. Un ángel que merodease en tus pensamientos no podría reprochártelo. Pero los ángeles consienten que la conciencia no estime lo suficiente, pues eso mismo hacen ellos. Y entonces te vez frenado, cedido a la fuerza de propia corrupción: marchito, profusamente marchito. Acaso lo que esperas sea volver a florecer. Así es como te acuerdas que ese postre se llamaba milhojas y que, en el fondo, nunca te gustó mucho.
Fín.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

X Te



Las luces de la calle proyectan sombras simétricas de las lunas de la ventana sobre la pared. Al contemplarlas, X se dispersa, se aleja; un pensamiento alegre lo espera en la intimidad de su silencio. Se vacía para dejarse atrapar por un impulso musical que quiere llenar el espacio que los recuerdos atormentaban. Un instrumento desconocido prorrumpe en un tono que X no puede adivinar y no espera hacerlo. El impulso lo asalta, lo sacude y luego lo deja tirado, recuperando el aliento. Allí está otra vez, creciendo, seductor, le arranca una sonrisa y lo hace tararear una melodía inventada, sencilla y pegajosa. Se entusiasma al saber que roza algo de ese Motus animi continuus en el cual reside Cicerón, según dice la esencia de la oratoria. A veces, cuando como en esta ocasión se siente seguro y descansa en silencio, le gustaría que una melodía indeterminada lo acurrucara, que ella no se definiera ni se acabara mientras él se deja adormecer hasta caer en el sueño más profundo. Y espera que esa melodía se cole por sus oídos entre sus pensamientos hasta alcanzar a su sueño, donde teja para él una historia íntegramente sonora. Cómo no quisiera nuestro amigo ser la armonía que se proyecta eterna en la melodía y que subsiste pura detrás de la realidad. Pero en la pared está escrita una palabra y ella lo devuelve a la realidad. Te. Se ríe. Una palabra que él no se animó a completar en un Te quiero le recuerda la complicidad del lenguaje, que va atando y desatando ideas pero que solo expone a la vista un lado del tejido, lo dicho, pero que preserva lo ausente. El temor a terminar de decir lo que tiene que decir no es como el miedo, es como la precaución que anima al que maneja los hilos para que se mantenga oculto lo que no necesita un cuidado especial, sino más bien de la oportunidad de servir a la manifestación de algo como el fuego que solo se realiza en su consumación. Te es te quiero cuando podemos reconocer que ya desde antes de la misma T te quería, pero igual quería decírtelo. Te basta cuando no tengo que decírtelo todo, pues el querer es una cosa extraña que se basta a sí misma y basta para llenar Te y llenarte.
Fin.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Perder el tiempo con estilo...



Nada más falso que decir que ha llegado la hora de volver a escribir. En realidad yo escribo cuando no debería hacerlo, cuando debería estar abocado a otros proyectos y cuando resulta más un acto de rebelión, de desahogo, que una serena rutina de meditación. En esta oportunidad, por ejemplo, debería estar estudiando inglés para una evaluación, y, sin embargo, me encuentro a mi mismo escribiendo trivialidades, y, evidenciando una falta de escrúpulos, encima en español. Pero si se me ha vuelto una costumbre lo de escribir a destiempo es justamente porque le encuentro un valor a esa forma de presión.

Ya Aristóteles hablaba del Kairós, del tiempo propicio para actuar, y aunque se suele entender este concepto en términos sumamente conservadores, el Kairós tiene el potencial suficiente para ponerse al servicio de la profundización en el caos anterior al orden de la realidad. Se que suena esotérico, pero mi atracción por el caos no está en discusión, o al menos no hasta que se lo invoca. Así que convoquemos al caos anterior al orden real por intersección de una re interpretación del tiempo oportuno de los griegos, del Kairós.

Si el bien que persigue la acción es el sosiego, la estabilidad, el paso sereno de la vida y el silencio de los males que le aquejan, entonces el tiempo oportuno se configura de un modo especial, acaba equiparándose a la capacidad de racionalizar nuestra condición y desensibilizarnos de las emociones que nos interpelan según su tiempo. Pero si todo tiene un tiempo, como dicen las Escrituras, entonces habrá oportunidades para actuar a destiempo, donde se está dando la respuesta propia a la situación que se presenta, porque no todo lo que nos sucede tenemos que racionalizarlo, también hay que estallar en algún momento, arrojando lejos de nuestro organismo la asquerosa flema producida por tanta congestión. Así que hay un tiempo propicio para tocerle la madre a la realidad: el tiempo de parar de hacer lo que estábamos haciendo. Pero, ¿parar para qué? Resulta que el miedo de deshacer lo avanzado puede ocultarnos que ya nos habíamos perdido, qué no tenía sentido seguir andando a ninguna parte. Yo les concedo que las puertas del infierno se pueden abrir con empezar a preguntar el porqué de lo que estamos haciendo, y, sin embargo, el invierno ya era insoportablemente frío y el clima húmedo de por sí ya era dañino para nuestra salud.

En fin, se acaba el tiempo propicio para sembrar las grandes ideas porque mi examen es inminente. Pero me he permitido el calembour para después avanzar de corrido cuando pueda tratar otro tema para el que tengo más tiempo, una semana digamos, y por el cual he caído en esta rara introducción. Quiero relatar mi propia Historia de un Error, o de Cómo la decencia  se convirtió en una Fábula. Pienso esmerarme en mi relato porque no me parece una decisión política ni sencilla ni inocente, pero no lo haré ahora, pues atender al kairós es confiar en que habrá un mejor momento para hacerlo; es, en resumen, trabajar con confianza en la disposición del mismo trabajo al que nos avocamos.

Por cierto, este es Cronos, la divinidad griega del tiempo. No tiene nada que ver con el concepto de Kairós (o sea, no de un modo relevante), pero ¿acaso no han tenido la sensación de que el tiempo acaba devorándonos inclementemente?

continuará...

sábado, 25 de septiembre de 2010

Dos escritores conversan... y se lanzan ácido muriático de vez en cuando

"Extractos del debate entre el legendario escritor argentino Jorge Luis Borges y el lamentable novelista austroamericano Edgar Franz Milton, en el transcurso de una mesa redonda celebrada en la Universidad de Ginebra, el 28 de enero de 1986).

(conversación inédita)

(...)

Moderadora. Entonces empecemos por el principio, si les parece.

Jorge Luis Borges. Es lo clásico.

Edgar Franz Milton. Es lo aburrido.

M. Repasemos brevemente el canon de la literatura argentina.

EFM. ¿Canon? Querrá decir oligarquía.

JLB. No se ponga ideológico, Milton. Los estudiantes van a quererlo igual.

M. Por ejemplo, ¿qué opinión les merece El matadero de Esteban Echeverría?

JLB. Tiene menos adjetivos que sus contemporáneos.

EFM. Me gusta su violencia.

M. Y sería, digamos, el primer cuento realista, ¿no?

JLB. Con todos mis respetos, El matadero me parece un poco largo para ser un cuento. Y demasiado didáctico para ser realista.

EFM. Cierto, la realidad no dice moralejas. Es más cruda que la carne del matadero.

JLB. La intención de Echeverría era loable. Caudillos hemos tenido unos cuantos en nuestra historia.

EFM. En Argentina los conflictos históricos tienen más prestigio que los buenos escritores. Usted es una excepción, Borges.

JLB. Le agradezco el malentendido, Milton.

(...)

M. ¿Y Sarmiento?

JLB. Algún poema le he dedicado, me imagino que torpe. Y no le dediqué también una novela, porque él ya había escrito el Facundo y hubiera sido redundante. Así que me limité al cuento.

EFM. Sarmiento era un hombre polémico. O sea, honesto. O sea, fanático.

JLB. ¿Lo dice por simpatía o narcisismo, Milton?

EFM. ¿Cuál es la diferencia?

M. Me interesaría saber si, de algún modo, consideran vigente la gran dicotomía sarmientista, civilización y barbarie.

EFM. Y una mierda. La barbarie es la base de lo que llamamos civilización. Es barbarie contra barbarie. Y gana la más bárbara. Eso es civilizar.

JLB. No hace falta decir mierda para declararse bárbaro, Milton.

(...)

JLB. No, Güiraldes no retrató a los gauchos. En realidad retrató a la gente de la capital. La que leía su libro. La que nunca había estado en la Pampa.

EFM. Don Segundo Sombra es una obra maestra del humor. Y hasta usted tuvo su sarampión criollo.

JLB. Tampoco subestimemos a la gauchesca. Al fin y al cabo es la única épica que se nos ocurrió a los argentinos, que somos más propensos a las desgracias que a las proezas.

EFM. La épica es salvaje, Borges. Como los indios en el Martín Fierro. Si en ese libro los indios fueran más simpáticos, toda la historia de la literatura argentina habría cambiado. A lo mejor usted hoy sería un pornógrafo.

JLB. Milton, lo pornográfico es hacerse el gracioso.

(...)

M. Y de esa generación, la de los años veinte, ¿a quién prefieren?

EFM. Yo, a Walsh. Siempre hablando de frente.

JLB. O mejor Di Benedetto. Con esa prosa como de perfil.

M. Uno asesinado y el otro, casi. ¿Cómo afectó la dictadura al lenguaje literario?

JLB. Al lenguaje en concreto, no sé. Supongo que afectó más a la vida de los escritores. Yo mucho no me di cuenta.

EFM. Borges, y cuando fue a cenar con Sabato y Videla, ¿tampoco se dio cuenta? ¿O prefiere que hablemos de la Islandia medieval?

JLB. De pronto parece Cortázar, Milton. Qué pena que Cortázar escribiera artículos. Y qué lindos sus cuentos. En Islandia también se mató a mucha gente. Su poesía lo cuenta con toda sinceridad. ¿Usted lee poesía? Mejor no me conteste.

M. Bien. Hablemos de poesía, entonces.

EFM. Si no queda otro remedio.

(...)

M. En ese tiempo también estaban los ultraístas moderados, como Carlos Mastronardi.

EFM. No se puede ser ultraísta y moderado.

JLB. No se puede ser ultraísta. Quise mucho a Mastronardi.

EFM. Pero usted, Borges, lo fue. Y escribió los Salmos rojos.

JLB. Lamento su memoria. Me equivoqué de colores. Ahora soy ciego y veo mejor.

M. ¿Y la poesía popular?

JLB. ¿Además de Carriego y la milonga? Está difícil, ¿no?

EFM. A mí me gusta González Tuñón.

JLB. Mis amigos y yo dejamos de gustarle a él. Tuñón tenía un poema titulado El poeta murió al amanecer. Lástima que él no madrugara tanto.

EFM. Dígame, Borges, ¿por qué escribe sonetos? ¿No le parece anticuado?

JLB. Lo anticuado, Milton, es que un poeta crea que inventa formas nuevas. Esa ingenuidad data de finales del siglo 18. Por eso me gusta Lugones, supo sonar nuevo sin sacrificar la rima.

EFM. Para original, su amigo Macedonio Fernández, ¿no?

JLB. Es que, más que escribir, Macedonio insinuaba que podía hacerlo genialmente. Sus libros son una pequeña muestra de su obra secreta, esa que todos admirábamos sin haber leído. Ojalá sus conversaciones pudieran imprimirse.

(...)

M. Veo que no mencionan a mujeres.

JLB. Eh, bueno, está mi amiga Ocampo, ¿no? Que escribe unas crueldades muy inteligentes.

M. Y de las cuales se dijo que parecían escritas por un hombre, ¿se acuerda?

JLB. Comentario que usted, supongo, leyó como una mujer.

M. Hace 70 años, Alfonsina escribió: "La belleza es una forma y el óvulo, una idea".

JLB. El mal gusto de la Storni ya lo conocíamos. Se enamoró de Quiroga.

EFM. Quiroga escribía muy bien porque sabía escribir mal, como Arlt. Para mí la mejor era Pizarnik. Siempre me acuerdo de su verso "todo hace el amor con el silencio".

JLB. ¿Y se ejercita mucho en ese amor, Milton?

M. Otra notable es Olga Orozco. O María Luisa Bombal, que era medio argentina.

EFM. Como todo el mundo.

JLB. Creo que usted sabe más que yo de mujeres, señorita.

EFM. Eso, Borges, tampoco era difícil.

(...)

JLB. Adolfito escribe mejor que yo, pero nadie se da cuenta. Él tampoco.

EFM. Yo a Bioy Casares no lo he leído mucho. ¿Qué me recomienda?

JLB. Sin duda, El sueño de los héroes. Es como un libro mío que se le ocurrió a él.

EFM. Eso parece una teoría suya que se le hubiera ocurrido a Piglia.

M. A propósito, ¿Respiración artificial es la gran novela argentina de la década?

JLB. Si fuera una novela, puede ser. A mí me la leyeron, me pareció admirable.

EFM. Creo que a Piglia le pasa como a usted, Borges: es un poeta disfrazado de ensayista disfrazado de narrador.

JLB. Ojalá yo fuera poeta.

(...)

EFM. Le voy a confesar algo, Borges. Mi abuela se exilió en Buenos Aires a principios de siglo.

JLB. Qué curioso, Milton. Ahora que lo dice, usted también parece argentino.

EFM. ¿Por?

JLB. Porque su patria es llevar la contraria.

EFM. Ah, ¿eso es lo argentino?

JLB. No.

EFM. Disculpe, Borges, ¿usted fuma?

JLB. No me serviría de nada, Milton. Voy a morirme igual. (...)"

¡Gracias al diario El País por esta espectacular lectura!

domingo, 21 de junio de 2009

Ciertos Recitales de Poesía

A quien quiera conocer algo de la historia del bar Yacana le recomiendo leer Lima Bizarra, de Rafo León (él mismo tío del programa Tiempo de Viajes y ¿acaso solo vocero? de la recordada- para bien o para mal- China Tudela). No le dedica mucho tiempo, así que con una lectura rápida ya sabrán cuál es el quid de este bar (porque sí, los bares también tienen su quid; en estos tiempos ya todo lo tiene, hasta se puede pensar en el quid del quid del quid et al.).

Bueno, pero ¿qué hace un abstemio como yo hablando de un bar? Resulta que fui junto al resto del Colectivo 315 a recitar en uno de esos tantos viernes que este ejemplar bar le daun espacio a la poesía, el oficio humano más banalmente sublime o sublimemente banal (eso lo dejo a criterio de cada uno). Y cuando hay recitales la gente hace lo que se supone que debe hacer, ¿no? la gente consume pues. Y mientras toman, fuman y conversan, bien bohemios todos ellos, los consumidores también escuchan el recital e incluso llegan a interactuar alegremente con los que salen al frente (también para bien o para mal, cómo no). Pero, en definitiva, se trata de un público exquisito.

Y, bueno, he pensado subir algo sobre el recital del Colectivo 315: unas cuantas fotos o algunos videos. Todavía no sé.
Es domingo, día del Padre, y solo me queda una semana para que comiencen los exámenes finales. Por eso, la angustia ha llegado anticipadamente de visita y creo que ella es la única responsable de que esté haciendo una catársis tan extraña como esta, tan digital y a la vez tan ¿palpable?, tan anacrónica. Me gusta, en serio.

Primer Recital de Colectivo 315



Y este es Jeancarlos, en toda su extensión...



Y mis favoritos, los poemas de Fabiola, también por alguna extraña razón



Y Mateo que, ante todo, se llama Mateo



Y Diego, que por cierto tiene un blog muy recomendable de leer



Segundo Recital de Poesía



Luis, el de los poemas sobre el Sentido del Ser y otros que recuerdan tanto a Trilce en cuanto a la temática



Y Diana, con el Gusano y la Toalla



Y Yo, ¡Viva Yo xD! ¡Y muerte a ese micrófono del mal, a los parlantes y a los que no me dijeron que me había despeinado!



Y Luz, que ojala siga existiendo cuando cerremos los ojos, porque ese primer poema solo lo pudieron escribir ella o Saramago; pero este último escribió el Ensayo Sobre la Ceguera y ya no el poema de Luz. Limón Filosófico dixit xD



Y bueno, una vez que ya presenté a todos los miembros del Colectivo 315 que recitaron aquella vez, debo pasar a elogiar un poquito más al Bar Yacana, ¿no? Como diría Esperanza: Es lo propio. Pero me da flojera así que solo voy a enumerar unas cuántas razones de peso psíquico para que alguien se anime a ir al bar uno de estos viernes.

1. Venden emoliente en la entrada.
2. Yo vi una mujer ebria durmiendo en las escaleras, fue una cosa surrealista.
3. Me han dicho que en el tercer piso hay un telo.
4. Las ventanas del bar son feas y toscas, pero si entre ellas alcanzas a ver a la Plaza Francia iluminada en la noche, te vas a sentir llevado a una novela que aún no se ha escrito, con esa extraña sensación de que alguien más escribe nuestra historia. ¿Será un poeta?

...

Posdata: Recomiendo que vean esto
http://fundacionyacana.blogspot.com/

jueves, 16 de abril de 2009

La Estética de la Cortesía




















Me tengo que resignar a no ser capaz de poder expresar todo lo que esta imagen me inspira. Se trata, por supuesto, de buenos deseos.

Fuente: Diario El País

miércoles, 8 de abril de 2009

El inicio del feriado más largo del año


































El título de esta entrada evoca al de una anterior, que escribí aproximadamente hace unos cinco meses. Qué rápido se pasa el tiempo. Por cierto, ¿solo a mí me parece curioso que se pueda decir algo como unos cinco meses? Supuestamente la cualidad numérica de la palabra ya está fijada por el "cinco", por lo que decir "unos cinco meses" sería algo anacrónico, de mal gusto.
Los que en el colegio estuvieron atentos a las clases de lenguaje se acordaran de que un, uno o unos eran pronombres indefinidos como alguno, ningún o nadie. Solían ser artículos, pero como nunca se sabía de qué cantidad de cosas se hablaba cuando se decía unos o unas (y por eso se les decía indeterminados), se los desterró de esta categoría gramatical y pasaron a ser pronombres indefinidos. No creo que pasar de ser un artículo a ser un pronombre sea algo que las palabras puedan concebir como denigrante- claro, en el hipotético caso de que pudieran concebir algo siquiera-, pero si me parece paradójico que eso haya sucedido justamente porque se pensaba que unos o unas no pueden definir una cantidad de sujetos, aunque si les pones un número al costado esto si es posible, como en el caso de "unos cinco" meses o en "unas seis" botellas. Alguien podría decir que no se debe decir "unos cinco" meses, como yo lo sugerí hace un momento, pero realmente no tiene nada de malo. Si se puede decir "otros cinco" caballos, y si "otros" también pertenece a la categoría de pronombres indefinidos, ¿por qué estaría mal decir "unos cinco" caballos? Entiendo que no sea posible decir "ningunas cinco" personas o "algunos dos" carros, pero ¿qué hay de malo con decir "unos cinco" meses? Para salir de este embrollo mental que algún osado lector ya habrá identificado como puro blah blah blah, pero que en realidad se llama Metalenguaje, es decir, la condición de hablar del lenguaje desde el mismo lenguaje, para solucionar esta paradoja metalingüística hay que fijarnos en una pregunta que hice hace un momento. ¿Alguien ya sabe a qué me refiero? A los que no podemos tolerar que se discrimine a la gente por su manera de hablar, cuando escuchamos a alguien decir que de tal o cual manera no se debe de hablar, se nos ponen los pelos de punta.
Aunque no exista una idea totalmente bien formada sobre lo que podrían ser "unas cinco" cosas, o aunque no se me ocurriera cuál es la diferencia entre decir "unas cinco" cosas y decir "cinco" cosas nomás, eso no significa que no tengo la capacidad y la libertad de pensar en estas oraciones y en reproducirlas. El otrora artículo indeterminado un, una, unos, se vio apartado del resto de los artículos porque los hablantes no fuimos capaces, en su momento, de imponer su uso acompañado de otro número y solo porque pensábamos que no estaba bien hacer algo así. Muchos piensan que aquello que no es completamente coherente o claro no debería ser dicho. Si esto fuera cierto, nunca aprenderíamos a hablar, pues el aprendizaje de la lengua siempre es gradual. En el ámbito de la escritura esto es mucho más evidente: sin errores que se manifiesten en la praxis, no hay forma de que los docentes puedan corregir a los alumnos para que asimilen mejor la escritura estándar de su lengua.
Luego de convencerme de que no tiene nada de malo decir que han pasado unos cinco meses, puedo hablar sobre lo que realmente quería escribir: No saben lo contento que me siento porque hayan condenado a Fujimori. Puede resultarles curioso pero si no me hubiera convencido de lo primero, probablemente no estaría contando que estoy contento por la sentencia. Tranquilos, esta vez no tiene nada que ver con el Metalenguaje, sino, sobre todo, con el hecho de dar mi opinión y poder defender una postura.
Durante el gobierno de Alberto Fujimori se cometió un gran atropello contra todos los peruanos y en especial contra los más jóvenes: él nos hizo creer, en primer lugar, que si las circunstancias lo ameritaban, nuestra vida podía dejar de tener valor. Esto se puede observar en el hecho de que tanta gente inocente haya sido asesinada a manos de miembros de las Fuerzas Armadas. Obviamente, Fujimori no mató a esas personas, pero al ser nuestro presidente debió haber sido más reflexivo cuando le entregó el poder a las FF.AA. para que estas actuasen libremente. Un padre sensato no deja a sus hijos al cuidado de otras personas sin tomar todas las precauciones posibles para que no les suceda algo malo a sus hijos. Fujimori afortunadamente no es nuestro padre, pero fue nuestro presidente y debió responder a la altura del cargo que le confiamos los peruanos.
Es cierto que los principales responsables del conflicto armado interno que tuvo lugar entre los años 1980 y el 2000 fueron los terroristas: El Partido Comunista Peruano Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Ellos también concentran la autoría de la mayor parte de los asesinatos, las violaciones y del daño contra la propiedad privada. Pero esa no es una razón que justifique plenamente ni siquiera coherentemente los delitos que cometió el Estado.
A partir de esta falta de atención a lo que debería ser la principal prioridad del Estado, es decir, al bienestar de sus ciudadanos, se desprende una segunda característica por la que muchos aborrecemos a Fujimori y a otros líderes de la región. Me refiero al caudillismo. Durante mucho tiempo, a los pueblos latinoamericanos se les ha hecho creer que deben seguir ciegamente a sus líderes, a los famosos caudillos. En la práctica, los caudillos no buscan objetivamente lo mejor para su país, sino que tienen una opinión de lo que podría ser lo mejor, como en el caso del sueño bolivariano. Los seguidores de esos caudillos tampoco se salvan de ser juzgados. Cuando uno se abandona a las ideas de los caudillos y deja de pensar por sí mismo en lo que más nos conviene, nos volvemos víctimas de la ineptitud de otros. Qué bueno sería pensar que va suceder exactamente lo contrario, que los caudillos nos van a solucionar la vida. Basta ver los noticieros locales un par de minutos para darnos cuenta de que los sueños, sueños son.
Cuando me dicen que debo estarle agradecido a Fujimori por haber vencido al terrorismo, omitiendo que, en realidad, este no ha sido totalmente controlado y que se ha transformado en narco-terrorismo en algunas zonas del país, y cuando me dicen que los terroristas no tienen derechos porque son los peores criminales- como escandalosamente afirma un ex comandante general de las FF.AA. cuyo nombre reprimiré- siento que me encuentro frente a otro nocivo caudillismo. Porque el ex presidente Fujimori nunca fue un samurai, sino un caudillo. Porque los terroristas no están siendo juzgados entonces como conciudadanos, sino como partidarios del bando contrario, como si esto hubiera sido una guerra de pandillas o algo por el estilo, donde las personas que no se sometían al liderazgo de los militares también se volvían sus enemigos. Porque no es posible que tengamos que conformarnos con la manera de ser de nuestros líderes, sin poder exigirles mayor integridad, como si fueran seres infalibles a los que no se puede cuestionar.
Me resisto a pensar que por sus buenas acciones, que son las acciones que deberíamos esperar de todos los presidentes, debemos perdonarle a Fujimori la corrupción de su gobierno y la mediocridad de su plan de contención del terrorismo. No hay nada más sano que resistirnos a tener que optar por el mal menor. No podemos desalentarnos solamente porque parece que el caudillismo es la única vía que ha funcionado históricamente en nuestros países.
Mi pedido para reinvindicar al un, unos como todo un artículo indeterminado, se vuelve diminuto si lo comparo con la labor y la entrega de todos los que han hecho posible que Fujimori haya sido condenado. Pero estoy convencido de que para poder hacer cosas grandes en esta vida, hay que comenzar venciendo las batallas más pequeñas. La reinvindicación de un artículo puede ser un buen paso para formarme como alguien que no tenga miedo para encarar a Fujimori, como señalaba cuando decía que esto era importante para comenzar a hablarles de él, pues lo importante es que desde la posición donde estemos, actuemos con integridad, buscando la verdad y no a un caudillo.
Muchos pueden pensar que hacernos problemas por lo que quiere decir una frase ambigua, como en el caso de unos cinco meses, es toda una pérdida de tiempo. Pero si les dijera que Fujimori ha sido condenado a pasar solo unos cuantos años en prisión, entonces tal vez entenderían que no se trata solamente de evadir la ambigüedad, sino incluso de salvaguardar nuestro derecho a pensar en la ambigüedad.

miércoles, 11 de marzo de 2009

¿Libertad?

Uno va por la vida tomando decisiones importantes a cada momento, aunque muchas veces esto sucede sin que haya una clara conciencia de los efectos que producen nuestras decisiones. Esto es muy natural. No podemos y creo que tampoco debemos pensar siempre en todas las consecuencias de nuestros actos, porque corremos el peligro de que detrás de un proyecto así se esconda la ingenua obstinación de que podemos tener el control absoluto de lo que nos sucede. Sin embargo, me preocupa mucho más que nuestra vida transcurra relajadamente sin que examinemos la otra cara de este proceso: sus causas. ¿Qué pasaría si estuviéramos tomando algunas decisiones importantes basándonos en ideales o en percepciones que ya no tienen ningún significado para nosotros?

A primera vista, no habría ningún problema. Los valores con los que confrontamos la realidad y en base a los cuales tomamos nuestras decisiones cambian inevitablemente, independientemente de si tenemos conciencia o no de este proceso, por eso no importa si hemos dejado de actuar de acuerdo a los ideales que teníamos porque ahora tenemos otros ideales. El problema de una respuesta de este tipo es que no termina de cerrar la interrogante: puede ser que estemos haciendo cosas solo por hacerlas, por costumbre; algunas de nuestras acciones podrían estar yendo en contra de lo que ahora pensamos o creemos; pero yo creo que lo más alarmante es que estuviéramos siguiendo un proyecto de vida que ya no significa absolutamente nada para nosotros. Por eso es que me preocupaba que no pensáramos en la causas detrás de nuestras decisiones.

Alguien podría decir, no sin cierta razón, que así como es iluso pretender tener el control absoluto sobre las consecuencias de nuestras decisiones, del mismo modo, es iluso creer que podemos reconsiderar todas las causas detrás de nuestras decisiones para lograr controlar nuestras acciones. Alguien también podría decir que estamos justo donde comenzamos...